Unas Navidades diferentes (Parte II)

Creo que ahora me toca a mí continuar con la Navidad pasada. Hablar de la última vez que estuvimos juntas, es hablar de una Navidad magnífica. Y de la primera Nochevieja que he pasado fuera de mi pueblo y para más inri, con la familia de mi chica. El día 31 el ambiente estaba algo tenso, todo hay que decirlo.
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No sabía cómo enfrentarme a esa cena y Alba, tampoco. Nos pasamos toda la tarde arreglándonos y maquillándonos para entrar con buen pie en el nuevo año –aunque la verdad, tardé tanto que creía que iba a necesitar que alargaran las campanadas para que me diera tiempo a arreglarme.

Mientras íbamos de camino hacia el lugar de la cena –casi no podía andar del frío y de los 12 centímetros de tacón que llevaba–, no paraba de pensar en todo lo que podía suceder esa noche; si les caería bien, si les gustaría, si no me darían de cenar…  Y no salió tan mal como esperaba. Alba estuvo en todo momento a mi lado y los familiares que ya me conocían, estuvieron hablándome toda la noche. Pero claro, siempre hay cotillas en las familias, y en la de Alba –aparte de gritones– no iba a ser menos. Eso me hizo llegar a una conclusión: como en casa, en ningún sitio.

Después de entrar en el nuevo año, fuimos a casa de unos amigos a tomar unas copas. Pero cuando ya nos íbamos a casa, la llamada de “Las titas” llegó –“las titas” son unas muy buenas amigas de la familia de Alba– y claro, no íbamos a hacer oídos sordos. Así que, inocentes de nosotras, allí nos plantamos y salimos dos horas después, un poco perjudicadas. Tan perjudicadas que, vimos a un amigo que se apellida Costa y Alba le dijo: “Hola, amigo del interior”.

Ella ni se acuerda. Yo me río cada vez que me acuerdo. Al día siguiente, la resaca estaba servida y no comimos hasta las 16:30 de la tarde. Qué día pasé con dolor de cabeza…

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El resto de días que pasamos juntas, fueron un sinfín de experiencias divertidas y llenas de carcajadas. Sobre todo los días que pasamos con dos buenos amigos. Hacen que cenar mexicano y ver “Me Resbala” con ellos, sean los mejores planes que he podido tener esta Navidad. Eso sí, ganarles a un juego de preguntas, tipo Trivial, y ganar la ronda final con una pregunta de ciencia, fue una gran satisfacción.

Pero antes de volver a mi pueblo, fuimos a la Feria. Alba parecía una niña pequeña. Nos montamos en la noria y yo iba con miedo, pero es que teníais que haber visto a Alba… Se quería bajar la pobre enseguida. Aunque las vistas, compensaron el miedo pasado.
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Pero es que luego, me convenció para subir a una atracción de esas que giran y giran y giran – una montaña rusa de toda la vida –. Lo pasé fatal y por eso me he prometido no subir a ninguna más. Y justo cuando bajamos de la atracción… ¡ZAS!, se puso a llover a cántaros. Tuvieron que venir a por nosotras, pero no sin antes comprar una inmensa bola de algodón de azúcar –Alba flipó al ver como la hicieron–. Eso sí, la cena de esa noche fue… ¡magnífica! La mejor lasaña que he probado en mi vida.

Nuestras vacaciones se acabaron al día siguiente cuando yo cogí el autobús para volver a casa. Lo único bueno que tenía ese regreso, es que Alba acababa de comprar los billetes para volver a vernos.

12 días.

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