‘Historias de…”: Mónica

¡Holi!

Como explicamos en nuestra última entrada, pedimos vuestra colaboración para la realización del blog. Esta demanda ha sido escuchada y hoy publicamos la primera entrada de la sección “Historias de…”.

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La experiencia que a continuación vais a poder leer, es de nuestra amiga Mónica, que con mucho gusto la ha querido compartir con todos vosotros y vosotras.

Mi experiencia y yo.

Recuerdo, cuando era pequeña, que la imagen que tenía sobre mí, era muy distinta a la de las demás niñas. Ellas suspiraban por el típico niño guapo de clase o por ser las princesas de los cuentos, mientras que yo…bueno. Yo soñaba con meter el gol que le diese la victoria a mi equipo en el recreo del día siguiente. Cada vez que jugábamos a recrear alguna película, como “Titanic” por ejemplo, yo pedía siempre ser Jack y no Rose. También recuerdo haber pensado mil veces que mi vida hubiese sido mucho más fácil si hubiese nacido chico.

Aun así, lejos de lo que pueda parecer, para mí no fue nada dramático, yo era feliz siendo así. Aunque no comprendiese mucho mis gustos, tal vez lo que más pena me daba era no conocer a otras niñas igual que yo. En el colegio nunca sentí rechazo de ningún tipo, ni hubo insultos ni nada parecido, me llevaba genial con todos y todos se llevaban genial conmigo.

Cuando pasé al instituto la cosa cambió un poco. Yo tenía 12 años y ya sabía por qué yo era como era, sabía qué era lo que me pasaba. Era evidente que era lesbiana. En mi casa nunca se trató este tema, nunca supe si lo verían bien o mal porque simplemente era algo que no había surgido nunca. Tuve miedo, no por mi familia, sino porque no sabía qué iba a ser de mi futuro. Estaba acostumbrada a ver matrimonios heterosexuales, parejas heterosexuales…solo conocía una pareja homosexual y era de una serie de televisión. Maca y Esther (Hospital Central). Gracias a esa relación conocí a través de Internet, a chicas que eran iguales que yo, que les pasaba lo mismo. ¡No estaba sola en el mundo! Poco a poco fui aceptándome, fui acostumbrándome a mí misma y a mis gustos…hasta que un día a mi madre le dio por preguntarme en broma, si yo era lesbiana. No me lo pensé, contesté que sí. Con 12 años confesé a mis padres que me gustaban las chicas.

Fue raro. Los primeros días fueron raros. Reinaba el silencio en casa, ni siquiera podía mirarles a la cara. Y a mi se me pasaba por la cabeza de todo, como por ejemplo: “Ya no hay vuelta atrás, ¿seguro que eres lesbiana?”. Mi madre puso el grito en el cielo, se lo contó a toda la familia el mismo día, en menos de 24h TODA mi familia supo que yo era lesbiana. Quiso llevarme al médico y al psicólogo y mil cosas más, por suerte mi padre se negó a ello, y le quitó todas esas tonterías de la cabeza. Poco a poco todo se normalizó, y seguimos viviendo como lo habíamos hecho hasta entonces.

En el instituto no fue tan bien la cosa, se lo confesé a mi mejor amiga, y ella se lo contó a otra, y esa a otra…y bueno, lo acabó sabiendo toda mi clase y todas las que había alrededor. Fue un calvario, me miraba todo el mundo, cada vez que el profesor decía mi nombre para que saliese a la pizarra a corregir un ejercicio escuchaba cómo me susurraban: “lesbiana”, “tortillera”, “bollera”. Escuchaba las risas, los murmullos, cómo me señalaban…en los recreos muchos venían y me acorralaban contra la pared y me preguntaban mil cosas, se reían de mí, se metían conmigo…fue duro. Fue realmente duro. Lloraba todas las noches, me sentía sola, no tenía ningún apoyo ni ningún amigo, me pasaba todos los recreos en la biblioteca del instituto sin querer relacionarme con nadie. Tratando de que nadie me viese. Que nadie me insultase.

No se lo conté a nadie, nunca he sido de pedir ayuda, siempre me he creído bastante fuerte y siempre he pensado que era mejor que yo solucionase sola mis problemas. Así que un día me armé de valor, me cansé de todo. Llegué al instituto, y al primero que me insultó en el pasillo, delante de todos, le contesté. Dije algo así como: “Sí, soy lesbiana. ¿Y qué?”. Poco a poco todos empezaron a ver que me daba igual lo que me dijesen y perdí el interés de la gente. Me dejaron en paz.

Y, como se suele decir, el resto es historia. Vivo muy feliz con mi orientación sexual desde los 13 años. No me siento orgullosa para nada, actualmente es una parte más de mi vida, tengo una pareja maravillosa, unos padres que me aceptan como soy, y aceptan a mi pareja…y unas amigas increíbles a las que les da igual todo esto.

Con todo este relato, quiero que la gente vea que es posible ser feliz siendo homosexual. Que no se tienen que preocupar por nada, aunque a veces las cosas parece que se ponen cuesta arriba, después todo se normaliza y las cosas van por donde tienen que ir. Y por supuesto, que lo más importante es aceptarse a uno mismo, conocerse y quererse así tal cual somos. Si tú te quieres, créeme que aunque te digan mil cosas, no van a conseguir hacer que te sientas mal con lo que eres. Así que a todas las personas que tenéis miedo, que os acosan, o lo que sea…ponedle fin. Tenéis que decir “basta”, luchad por vosotros y por vuestra felicidad, si no lo hacéis vosotros, no lo va a hacer nadie. Mucho ánimo, que de verdad, todo mejora.

Mónica.

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