Los pueblos y sus cosas de pueblo.

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Pese a que España está considerado como el país que mejor acepta la homosexualidad,  todos sabemos, muchos por experiencia propia, que está mejor valorada y aceptada en los grandes núcleos urbanos, como puede ser Madrid, Valencia o Barcelona. Ahora bien, los pueblos pequeños, son otro mundo.

Vivo en uno de esos pueblos en los que das un paso, y a los 10 minutos ya lo sabe la vecina, su prima y la amiga de la hija de la prima de la vecina. A veces incluso te enteras de que has hecho cosas que ni tu misma sabías que habías hecho. Y esto se magnifica si eres homosexual, o como las abuelas de pueblo nos denominan, “los rarunos”. En mi pueblo, Aspe, no hay esquina por la que pases en la que no te encuentres a dos o tres mujeres novacheando –término Aspense utilizado como sinónimo de cotillear– sobre los temas que ellas consideran que son patrimonio cultural de Aspe. Pues bueno, en mi pueblo en los últimos dos años, ha habido un boom de salidas de los armarios, y menudo BOOM. Y me atrevería a decir que la mayoría han sido lesbianas.

Este hecho ha conllevado otro boom masivo; más señoras mayores en las esquinas hablando sobre ello, y lo mejor de todo, es que si pasas por su lado, te señalan, te apuntan con el dedo y si pueden, te lo meten en el ojo. Este pueblo –bueno el pueblo no, su gente es especialista en hacerte sentir mal por algo que, en el fondo sabes, es una situación de lo más normal del mundo y que te encanta. Cuando decidí que no quería esconderme más, hacía lo que todas las parejas hacen: salir a pasear de la mano, tomar un café, quedar con amigos… Y constantemente tenía bueno y sigo teniendo la sensación de tener unos ojos pegados en la nuca controlando cada uno de mis pasos.

Nunca me ha gustado ser la comidilla de los comentarios de la gente, pero qué le vamos a hacer, no todo puede ser perfecto. La verdad es que te acabas acostumbrando –y si no te acostumbras, es lo que hay–, porque por mucho tiempo que haya pasado desde la primera vez que me vieron con una chica cogida de mi mano –casi 3 años ya, siguen hablando y seguirán haciéndolo. Cuando me vaya en Septiembre, quizá lo eche de menos. Bueno no, qué va, no lo voy a echar de menos para nada y yo lo sé y vosotros lo sabéis. ¿Cómo echar de menos oír mi nombre a cada paso que doy, culpándome de amar a una persona y ser feliz por ello? No, queridos lectores y lectoras, el amor es algo demasiado valioso en nuestros tiempos como para esconderlo.

Hay un dicho que dice que lo que no quieras que se sepa, no lo hagas. Y claro, aquí lo hagas o no lo hagas, se sabe. Así que lo mejor que podéis hacer aquellos y aquellas que viváis en pueblos es ser uno mismo o una misma. Porque hagáis lo que hagáis y tengáis la condición sexual que tengáis, la gente va a hablar. Hablan por naturaleza, porque piensan que nosotros y nosotras somos antinaturales, pero no se dan cuenta de que los únicos que le llevan la contraria a la naturaleza son ellos y ellas –en la naturaleza la homosexualidad y la bisexualidad son comunes en especies como los simios, las aves, las jirafas o los delfines–. Pero llegará un momento, por experiencia propia lo digo, que no os importe lo que digan de vosotros y vosotras, porque vuestra felicidad podrá plantarle cara a todos esos comentarios que la gente hace por aburrimiento.

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3 comentarios en “Los pueblos y sus cosas de pueblo.

  1. “La gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas y a mi me importa un bledo. Qué más me da si soy distinta a ellos.”

    Yo he tenido la suerte de no vivir en un pueblo, y hace muchísimos años que no voy al pueblo de mi madre, por lo que nunca he vivido eso de que fuesen cuchicheando sobre mi por la calle y demás. Aún así, aunque Madrid sea una ciudad abierta, aún sigues encontrándote con situaciones desagradables. Sin ir más lejos, hace un par de semanas, estaba en el metro con mi novia, nos estábamos despidiéndonos y llegó un grupo de jóvenes y empezaron a insultarnos y a gritarnos de todo. Supongo que imbéciles hay en todos sitios.

    Muy buena entrada 😉

    ¡Un abrazo!

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    • Por desgracia, en Valencia también vivimos una situación similar. Nos llamaron plaga. Hay de todo en todos los lugares, pero quizá en los pueblos, por la gran población anciana que hay en ellos, es más corriente ver esas situaciones y vivirlas.

      ¡Muchas gracias! Esas palabras viniendo de ti nos alegran y nos alienta a continuar, haciéndolo igual o mejor 🙂

      ¡Un besazo enorme!

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  2. Pues imaginaros hace 24 años, cuando mi mujer y yo empezamos a vivir juntas, horrible y no es un pueblo pequeño, en el barrio (pues las dos vivíamos cerca) nos negaban el saludo y en la comunidad el 80% nos daba de lado, los hijos de muchos son acosaban e insultaban( por los comentarios de los padres) mi mujer tenía un comercio y tuvo que cerrarlo bueno una pesadilla, pero nosotras con la cara alta y más de una vez a los insultos tuvimos que plantar cara, pero como no se podía ir a las fuerzas del orden pues no existía como ahora legislación ni protocolo LGTB nos lo teníamos que apañar solas. Ahora ya están educados y por lo menos en la comunidad nos respetan y somos una familia más. Lo pasado pasado esta!!. Ahora hay otra pareja de chicas, ellas ya han encontrado el camino abonado.

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