Se fue..

Esta entrada no tiene nada que ver con los temas que tratamos normalmente en el blog, pero la idea de crear este espacio era para contar nuestra historia, así que, como lo bonito, creo que esto también debemos plasmarlo. A modo de terapia, de desahogo, de lo que sea.

En este momento, escribo con un nudo en la garganta desde un banco en una estación, tratando que salgan las palabras, intentando que sea lo menos doloroso, pasteloso y tonto pero queriendo transmitir lo frágiles que somos todos y cada uno de nosotros.

Acabo de dejar a Patri, pero no de romper con ella. Si no, de dejarla en la estación para que cogiera un bus. Qué mal se me da esto. Supongo que a lo largo de la semana que viene, tendréis un nuevo post sobre las Fallas y Marzo, así que tranquilos que no son solo mis penas lo que vais a leer; nos lo hemos pasado en grande.
Estoy en ese momento en el que no desearia otra cosa que no fuese echar a correr, o coger un autobús. Ir tras ella, por decir.

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Lo peor son las noches previas. Solo deseo que se pare el tiempo y que podamos quedarnos así mucho, que no lleguen las 9 para levantarse, ni verla prepararse la maleta.. y sí, soy una llorona. Ella dice que es por que todavía no tengo asumido esto, pero sabe que en verdad es una mezcla de rabia, de frustración, miedos, emoción y mucho amor. Y me duele en el alma ver cómo tenemos que volver a empezar una cuenta atrás. Podría ser peor.

El camino a la estación siempre es el momento más tenso que jamás podríais imaginar. Nadie habla, nadie mira a nadie, solo nos agarramos la mano y esperamos. Odio verla pasarlo mal, porque aunque ella sepa que debe irse, se que en el fondo lo pasa peor por verme a mi. Una vez allí, solo queda esperar. Mirarnos, agarrarnos de la mano, intentar que no se percate de que me caen las lagrimas, y un largo etc. Es gracioso cómo intenta hacer de todo para que saque sonrisas, y cómo intento sonreír para que se vaya feliz. Sin querer que se vaya, y sin ella querer irse.

Y a las 11.15, como siempre, sale el bus. Me da mil y un besos repitiéndome que “todo va a salir bien”, me mira mientras se sube al bus, y desaparece entre la gente. Supongo que no hace falta explicar esa sensación de soledad, esas ganas de querer romper a correr detrás, de pedirle un minuto más..

El camino a casa es insoportable. Es recorrer los mismos pasos atrás pero.. sin nadie más. Supongo que alguna despedida habréis vivido y sabéis a lo que me refiero.

Acabar esto diciendo que.. te quiero. Que aunque se que te enfadas cuando te repito una y mil veces que no te vayas, por dentro se que si fuera por ti, no lo harías. Que gracias por tanto y tan bueno. Ahora, esperar Semana Santa como agua de mayo.

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