“Historias de…”: Marisa

¡Hola de nuevo! Como sabéis, en “De Aquí al Pans” nos gusta contar historias y que nos contéis las vuestras. Esta semana, Marisa, una muy buena amiga nuestra nos manda la suya, y tenemos que decir que nos hace mucha ilusión por dos motivos. El primero es que Marisa es una persona maravillosa y teníamos muchas ganas de que participase con nosotras, y segundo.. ¡¡Es nuestra primera historia bisexual!! Os dejamos con la bonita historia de Marisa.

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Siempre he pensado que los humanos tenemos miedo a lo desconocido por eso de “la curiosidad mató al gato”, que tenemos la absurda necesidad de etiquetar y poner nombre a todo para no tener miedo, para “conocerlo”. ¿Y por qué hablo de esto? Porque siempre me ha parecido absurdo poner nombre a las preferencias sexuales de cada uno. Pero siempre, siempre, no desde que descubrí que podía ser diferente.

Mi nombre es Marisa, tengo 19 años y la historia digna de contar aquí, empieza a mis 16 años. Desde pequeña, había pensado que lo “normal” era que a las chicas les gustasen los chicos, y así llevaba toda mi infancia y parte de mi adolescencia, siendo “normal”, relativamente. Por hechos que no vienen al caso, empecé a conocer gente diferente, gente que vivía a cientos de kilómetros lejos de mí, y entre esa gente, conocí una chica con la que tuve un particular acercamiento. Podía pasarme horas hablando con ella, conociendo cada detalle de su vida, sin saber que poco a poco, me iba llenando y completando. Ni siquiera me daba cuenta, pero esa chica llegó a gustarme muchísimo, y cuando me di cuenta, tuve un gran dilema, porque esas cosas no es que se lleven muy bien en mi casa, así que decidí guardármelo para mí.

Tras unos meses, comencé a “salir” con una amiga, y claro, lo que tienen los pueblos pequeños es que las noticias, y más como esa, vuelan, y en cuestión de días lo sabía todo el mundo, incluida mi familia. No me gusta mucho recordar esos días, porque estuvieron llenos de arduas discusiones con mis correspondientes horas llenas de lágrimas. Siempre me ha costado aceptarme a mí misma, en prácticamente todos los aspectos y ese rechazo contribuyó a encerrarme más en mí misma.

Ahora, no se comenta ese tema en casa, y bueno, yo lo tengo bastante aceptado, soy como soy, no necesito ponerme la etiqueta de “bisexual”, pero sí es cierto que la mayoría de la gente, con etiqueta o sin ella, siguen estancados en opiniones como “sois unos viciosos”, cuando no es así. Debería estar más extendido el hecho de que nos enamoramos de una persona, no de su sexo, nos enamoramos de una forma de ser, de cómo nos hace sentir, y las cosquillas en el estómago no las controla la mente, por suerte o por desgracia.

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