¡Menuda sorpresa!

Alba es una caja de sorpresas y siempre lo he dicho. Además, es la mejor novia que podría tener (soy un poco pelota, sí). Y como es tan genial y me quiere tanto, decidió sorprenderme viniendo a Aspe el puente del 1 de Mayo. No me lo esperaba, aunque moría de ganas porque viniera a casa otra vez. Pensábamos publicar la entrada de Pascua primero, pero claro, esto me hace mucha más ilusión.

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Pues bien, el día 1 ya nos era imposible pasarlo juntas, pero esa misma tarde, a eso de las 20:00, me dijo que al día siguiente estaría en mi casa a la hora de comer. Ya os podéis imaginar mi cara de absoluta incredulidad y sobre todo, de felicidad. Mis padres no tenían ningún problema, tan solo que el domingo se tendría que ir de buena mañana porque teníamos comida familiar.

A las 13:45 llegó con su mochila y sus ganas de abrazarme, su sonrisa y sus gafas de sol. Muy ella. Aun no podía creer que estaba conmigo.  Me dio tal abrazo.. llegaba cansada pero muy feliz. Supongo que son estas cosas las que demuestran amor del bueno, del que todo el mundo quiere, y a veces no siempre encontramos.

El finde fue movidito. Estuvimos poco tiempo en casa, pero el no parar merece la pena cuando hay tanto que celebrar. Fuimos a tomar un buen yogur helado con unos buenos amigos, eso y la risa que no falte nunca. Y hacía frío. Más de lo que pensaba, así que nos fuimos casa a cenar y a descansar, porque menudo día de locos había tenido mi peque. El sábado por la mañana estuve haciendo cosas, porque este mes es más que frenético y no puedo desperdiciar ningún minuto. Pero por la tarde-noche fuimos de un sitio a otro. Primero, a casa de una amiga que hacía mil que no veíamos a ponernos al día. Después, quedamos a tomar algo con mi querida Araceli y su chico, que como siempre le digo a ella, son la caña de España. Y por la noche… bueno, la noche fue para nosotras.

Queríamos celebrar. No celebrar nuestro aniversario ni nada así. Tan solo celebrar que pasábamos un día más juntas y que tan solo nos quedan… ¡tres meses para irnos a vivir juntas!. La de planes que hicimos esa noche entre trozos de pizza y de patatas de gajo. La verdad es que esa noche refrescaba más que el viernes, así que decidimos ir a tomar algo calentito en un sitio más acogedor y donde pudiéramos estar tranquilas. Pero, por desgracia, teníamos que madrugar ya que Alba se iba a las 08:15 de la mañana para Valencia.

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La despedida no fue tan difícil porque en una semana nos volvemos a ver, y porque quería ir a la cama otra vez a dormir. Así que nos despedimos con un millón de besos por dar aun y con más ganas de comernos el mundo juntas.

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