“Historias de…”: Somnus y Ars

Hoy os traemos otra preciosa historia de amor en nuestra sección “Historias de…”. Como bien sabréis ,no tenéis porque decirnos vuestros verdaderos nombres para que los publiquemos, porque ante todo queremos que estéis comodxs. Por eso siempre podéis usar un pseudónimo o un apodo. Es el caso de esta historia de dos chicos, Somnus ha querido compartir con todxs nosotrxs su historia con Ars. Una bonita historia que comenzó en un juego, y que acabó siendo más que real.

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La verdad es que el principio de mi historia no es, que digamos, el más propicio para los comienzos de las historias de amor, es más, para ser el principio, deja mucho que desear. Todo empezó en uno de los peores momentos de mi vida, cuando en casa no sentía ningún tipo de cariño, en el instituto acababa de repetir de curso a causa de un caso de abuso psicológico que me propiciaron mis compañeros, a los cuales conocía desde pequeño; y para colmo, los pocos amigos que tenía me acabaron de dejar de lado…

Llevando ya algunos casos de intentos de suicidio (los cuales mi familia aún desconoce) sinceramente lo único que hacía, cuando no estaba en el instituto o durmiendo era jugar a rol.

Pasaba mis ratos jugando a rol, con gente de Internet, hasta que llegué a ser de los más importantes del grupo. Entonces tuve que hacer una prueba de acceso al grupo a un chico. Después de hacerla empecé a hablar con él. Era muy divertido y simpático así que yo (que hasta el momento no se me hubiera ni pasado por la cabeza pensar en algo como ser gay) me sorprendí con la rapidez con la que cogí confianza con él, y hasta el punto de empezar a gustarme.  Yo pensaba “No puede ser” y más, cuando pensaba en lo que mi padre pensaba sobre los homosexuales (cosas que me ahorraré para no molestar a más de unx). Además, había algo que debía echarme para atrás más que nada, y era el hecho de que él tenía novia.

Pero con el tiempo, yo no podía seguir ocultando lo que sentía, porque soy como un libro abierto, la verdad. Pero empecé a ver señales de que a él le empezaba a pasar lo mismo que a mi, hasta el punto de decirnos “te quiero”.

Yo estaba realmente confuso. Así que un día le pregunté:

-“Nosotros… ¿Qué somos? ¿Amigos…? ¿Hermanos…? ¿O…?”

No acabé la pregunta, realmente la palabra “novios” me aterrorizaba, porque pensaba que si la decía no habría vuelta atrás. Seguimos así un tiempo, sin saber exactamente que éramos… Hasta que un día, hablando por cam, como cada día, él me dijo 

-“He cortado con mi novia”.
Yo, como “amigo” le dije que lo sentía y lo que, supuse, se debía decir en esos casos. Hasta que me dijo “Tengo que hacer una llamada, ¿puedes esperar un momento?” Y entonces me llamó a mi. Estaba confuso, lo miré por la pantalla del ordenador y contesté extrañado. Y, como si hubiese cogido carrerilla me soltó un “¿Quieres salir conmigo?”. Entonces me quedé en blanco, aquel momento iba a cambiar mi vida por completo, y la pregunta que me hice fue: ¿Estaba dispuesto a arriesgarme a cambiar mi vida por completo? No había vuelta atrás, y esos minutos se me hicieron eternos, hasta que por fin respondí rojo como un tomate: “Eh… ¡Si!”
Y así, en un momento, un 4 de Marzo de 2011, él me cambió mi vida por completo. Y yo, que siempre estaba llorando y triste, me volví la persona más feliz del mundo. Él lo cambiaba todo, todos mis defectos, él los convertía en virtudes, todos mis llantos, en risas y todos los malos pensamientos, en amor hacía él.  Tiempo después, y (siendo lo negativo que soy) le pregunté si yo me había interpuesto en su relación, a lo que él me respondió: “A ver sí, a ella la quería… pero a ti te amo“.
Y aunque yo soy de Murcia y él de Valencia llevamos juntos 3 años y medio (poco en comparación con todo el tiempo que queremos pasar juntos). Y a pesar de no estar todo el rato “juntos”, hemos superado muchas cosas juntos, como cuando me tocó decirle a mi padre sobre mi homosexualidad, cosa de la que no me arrepiento, porque me hizo más fuerte. También estuvo conmigo cuando se lo dije a mi madre, la cual sólo se preocupó por “lo que podría llegar a pasarme por ahí”. Y todas las veces en las que he estado triste, él ha estado ahí. Siempre. Y lo mismo yo para él.
Porque aunque nos separen 400km (¡o los kilómetros que sean!) siempre estaremos el uno para el otro. Esta es nuestra historia, y se sigue escribiendo poco a poco. Pero seguro que tendrá final feliz.  Y seguro que las vuestras también.
PD: ¡Perdió la batalla en el rol! Jajaja

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