Historias de: I

Hoy, tras alguna semanas sin publicar en esta sección, os traemos una nueva historia en “Historias de…”. No olvidéis que podéis mandarnos vuestra propia historia personal o de amor, o incluso, cualquier cosa que quieras contarnos a nuestro mail: deaquialpans@gmail.com

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En esta ocasión es I quien nos escribe, que como bien dice “, aún sigo descubriéndome y redescubriéndome día tras día”. Nos deja su cuenta de Twitter y su blog para que podáis conocerle un poco más a fondo.

Domingo 8 de marzo.

Es un día cualquiera, yo aburrido mirando con el móvil que pasa por Twitter de pronto veo que he recibido un mensaje directo donde me preguntan a ver si estoy interesado en participar en este blog, en una sección llamada #HistoriasDe, yo encantado con la oferta acepto enseguida, cómo iba decir que no. Entonces se me informa de que iría la cosa (acababa de descubrir el blog hacía muy poco y apenas había leído un par de entradas) y entonces es cuando me quedo helado, ¿historia de visibilidad? ¿salir del armario? ¿mi historia de amor?.

“Por favor vuelvan a poner el respaldo de sus asientos en posición vertical. Acabamos de perder presión en la cabina…”.

Una vez asimilado aquello de lo que se me pide hablar y de la importancia que pueden llegar a tener mis palabras, reúno fuerzas y me decido a contar una historia, una que quizás no cuente nada de lo que se me ha pedido o tal vez cuente demasiado, no sé, cuando empiezo a escribir me voy por las ramas y cuento de todo menos lo que he venido a contar, así que sin más dilación empiezo.

Mi breve historia

Pediré perdón de antemano porque las cosas breves y yo no nos llevamos nada bien, así que: disculpas por mentir con el título. 

La historia empieza conmigo a los 17 años, habíamos acabado el curso y como buenos adolescentes no paramos de celebrarlo durante varias noches consecutivas. La última de esas noches, ya bastante afectados por el alcohol acabamos en cierto local dónde mi subconsciente tomó el control y, por lo que mis amigas me contaron más adelante, mantuve una charla muy interesante sobre sexualidad con un grupo que acabábamos de conocer esa misma noche y recibí lo que sería mi primer beso homosexual, lástima que a día de hoy tan solo recuerde parte de la charla.

En este punto de la historia hay que aclarar que yo jamás me había planteado mi sexualidad y daba por sentado que era heterosexual, todas mis relaciones habían sido con chicas y tenía muy claro que las chicas me gustaban. Y ya veis de pronto, sin tomarlo ni beberlo, me encuentro en esa situación. Situación en la que culpé al alcohol y di por zanjada cualquier otra posibilidad -¡ay ingenuo de mi! lo único que hay que culpar al alcohol es de borrarme el recuerdo de mi primer beso homosexual-.

20140913_003153Después de eso la vida seguía su curso, veranito, entrenos, conocer gente, salir con mis amigos y volviendo a empezar un curso escolar nuevo. La típica vida del estudiante ni más ni menos. Empecé a salir con una chica y todo muy bien. Y es entonces cuando sin venir a cuento en mitad de ese curso, mi gustos en pornografía empezaron a cambiar (sí porno, eso que a algunos cuesta hablar abiertamente pero que en menor o mayor cantidad todos consumimos). Ya no sólo me fijaba en la mujer o mujeres, si no que también descartaba algunos vídeos si el actor masculino no me agradaba, tríos en los que participasen dos hombres, y cosas que antes ni había prestado atención. Estos pequeños cambios empezaron a recordarme aquella noche con aquel supuesto beso que yo no recordaba. Decidí empezar a darle importancia a aquello e intentar dar una explicación, ¿cómo podían gustarme los hombres teniendo tan claro que las mujeres me encantaban?

No me podía entender, la educación que había recibido, todo lo que yo había oído era que o bien eras normal (heterosexual) o estabas enfermo. Esto creaba un gran dilema en mi, una ansiedad e inseguridad que no paraban de crecer. Mi mundo se derrumbaba y no confiaba en nadie para hablar de lo que me sucedía. Aprendí a aislar esa parte de mi, centrarme en aquello que me había funcionado hasta el día de hoy y seguir disfrutando de ello, si dejaba de pensar en ello sería feliz.

Un gran error por mi parte, todo fue a peor, mi relación con aquella chica empeoraba, me encerraba en mi mundo y no confiaba en nadie de mi alrededor por temor a que se dieran cuenta de aquello que me atormentaba. Viendo lo que sucedía, empecé a interpretar un personaje que llegué a creerme. Me sirvió durante varios años, tiempo que malgaste haciéndome pasar por una persona que yo no era. Así que me encontraba de pronto con 20 años, iniciando sin saberlo una etapa que marcó definitivamente el camino a seguir. Todo empezó en mayo de 2013, por fin estaba dispuesto a creer aquello que había sucedido a mis 17 años y empecé a informarme más acerca de orientaciones sexuales. Pero la información que leía no me terminaba de convencer, así que decidí abrirme una cuenta anónima en una web dónde empece a chatear con todo aquel que pudiera, me convertí en un pesado haciendo mil preguntas, conociendo experiencias de otra gente y empezando a formarme una idea de aquello que me podía estar pasando. Y cuanto más descubría de mi, más preguntas aparecían; ¿mis amigos me dejarán de lado? ¿me he estado engañando y las chicas no me gustan? ¿soy gay? ¿soy bisexual? ¿qué soy? ¿quién soy?

Preguntas y más preguntas que llevaban a aislarme más de mis amigos, familia y acabando una relación de manera muy abrupta. Encontré mi refugio en aquellos desconocidos, a los que poco a poco iba cogiendo confianza. Con el transcurso de los meses llegó a tal punto la confianza con uno de estos, que acabamos decidiendo quedar una tarde para tomar un café -me acuerdo perfectamente de que mientras iba al lugar donde habíamos quedado estaba nervioso, no las tenia todas conmigo, temía demasiadas cosas-. Y nada, la primera tarde que tuvimos libre los dos acabamos en una cafetería hablando tranquilamente, como si nos conociéramos de toda la vida. Con lo bien que había ido ese primer encuentro decidimos seguir viéndonos, y con la tontería cada vez nos íbamos cogiendo más cariño el uno al otro. No sé cuantas veces llegamos a quedar hasta que por fin él se decidió a besarme, en un primer momento ni me lo esperaba, pero enseguida me acomodé a sus labios y descubrí lo que debería haber supuesto hace mucho tiempo atrás, no había diferencia alguna a estar besando a una chica, mis reacciones eran exactamente las mismas. Disfrutaba de besar a un chico, el sexo no importaba, lo único importante era la persona.

“Saliendo del armario”

 Septiembre/Octubre 2013

Desafortunadamente la cosa no funcionó con este chico. Pero bueno, gracias a él había conseguido empezar a aceptarme a mi mismo y ahora quedaba dar el siguiente paso: hablar de esto con mis amigos.

Lo malo es que tendría que esperar a las navidades, ya que mi intención era ir diciéndoselo a cada uno personalmente y gran parte de ellos estaba estudiando en la península, mientras yo me encontraba en Mallorca. Pero bueno, descubrí que los planes están para salir como les de la gana, y sin tomarlo ni beberlo a unas semanas de las navidades un amigo que estaba estudiando en Madrid me felicita por Whatsapp. Se acababa de enterar de que había salido del armario y que estaba con un chico.

 No daba crédito de como había llegado tal información a sus manos, pero lo había hecho, a unos mil kilómetros o más, me habían arruinado los planes, alguien se habría enterado de algo, dando inicio a distintas historias y entonces el rumor debió empezar a circular. Acabando con mis planes. Dejándome una sensación muy rara. Había perdido mi momento. Me dio bastante rabia, pero a la vez me dio el coraje para hablar del tema con menos miedo cuando llego el momento,- así que en cierto modo supongo que no hay mal que por bien no venga-.

Me encontré enseguida arropado de todas esas personas que llamo amigos, me di cuenta de lo tonto que había llegado a ser guardándome todo y no haberlo compartido desde el principio. Siempre habían estado para todo y como no iban a estarlo. Les había elegido entre todas las personas que he llegado a conocer y había sido tan tonto de no ir a buscar su ayuda por una inseguridad que no se fundamentaba en nada más que unos temores e inseguridades que jamás debieron existir. Jamás debí temer el no ser igual que el resto, porque en verdad nadie es igual, todos somos distintos. Cada uno con sus más y sus menos, todos únicos. Somos seres que nos vamos descubriendo y redescubriendo continuamente a lo largo de nuestra vida.

¿Amor?

Y gracias a todo ese proceso, a día de hoy me encuentro en algo que jamás hubiese imaginado. Pues, hace ya algo más de diez meses entró en mi vida una persona que se niega a salir, que me apoya en todo, que me regala su sonrisa y me ayuda a crecer como persona. Recuerdo la primera vez que quedamos; habíamos quedado por la tarde prontito y decidí llevarle a mi bar favorito, es un bar muy tranquilo en el que se dispone de bastante intimidad y lo mejor: una zona en la que no hay móvil capaz de recibir señal, cosa que permite el disfrute de la compañía sin tener que soportar móviles vibrando o con ese horroroso sonido avisándonos de lo solicitados que estamos por whatsapp.

IMG-20141117-WA0028_1Así que allí nos encontrábamos disfrutando de nuestras bebidas a la vez que nos íbamos desinhibiendo. Las manecillas del reloj avanzaban devorando las horas y ninguno de los dos quería despedirse, así que decidimos improvisar un paseo por la ciudad en el que sin darnos cuenta se nos hizo la hora de cenar y ninguno quería ir a cenar a su casa, así que sin dudarlo ni un momento incorporamos una cena tranquila al aire libre. Era algo increíble lo bien que me sentía con él, lo bien que habíamos conectado. Sinceramente, lo pienso y me hace gracia pensar en que parece algo robado del guion de alguna película y darme cuenta que es algo que me sucedió a mi – resulta que a veces es verdad eso de que la realidad supera a la ficción-.

Por desgracia había que acabar yendo cada uno para su casa, cosas de vivir con padres y que fueran fácilmente las doce o una de la noche de un jueves. Pero bueno, nos moríamos de ganas de volver a vernos y a los dos días ya estábamos paseando juntos una vez más. Con la tontería sin darnos cuenta empezamos a vernos a diario, ninguno decía nada pero estaba muy claro que habíamos empezando algo. Él se había convertido en esa persona que necesitas a todas horas. Y así pasaron los meses, compaginando cada uno sus actividades y haciendo un hueco siempre para vernos. Cogíamos coche, visitábamos playas, verbenas por los pueblos y hasta un viaje a Barcelona.

Y sin darnos cuenta nos habíamos plantado en Septiembre. Mes fatídico en cierto modo, pues había llegado un momento que ninguno de los dos deseaba, él se iba a estudiar a Barcelona y yo cogería avión dirección a Asturias. ¿Qué íbamos a hacer? Pues nos decidimos por apostar y arriesgar. Arriesgar y lanzarnos a la aventura de las relaciones a distancia, si existen otras parejas que son capaces de llevar la distancia, por qué no íbamos a ser capaces nosotros. No mentiré fue una buena bofetada el pasar de vernos a diario y vivir a escasos diez minutos a pie, para ahora estar separados por unos 900 km o más y apenas vernos una vez al mes o dos si tenemos suerte.

Pues después de todo esto, aquí me encuentro en Marzo de 2015 encantado de haber tomado esa decisión y más todavía porque justamente mientras escribo esto me encuentro a su lado, la distancia es dura sí, nos pone a prueba constantemente, hay carencias que hay que saber compensar. Pero la recompensa es enorme. Cada reencuentro, cada despedida y cada instante que pasamos juntos.

Para terminar simplemente decir que no hay que tener miedo de darnos cuenta de que no somos lo que se supone hemos de ser. Nada de vivir presionado por aquello que se supone “normal”. Reíros de lo normal, lo normal es aburrido, hay que ser diferente, hay que ser único, aportar algo nuevo no seguir sumando algo que podemos encontrarnos por cualquier rincón, hay que dar ese toque único que nadie más puede dar. Que nadie ve lo mismo como nos demostró hará unas semanas un famoso vestido por las redes sociales, entonces: ¿cómo vamos a sentir de la misma manera todos?

Y sobretodo, luchar por aquello que valga la pena mantener en vuestra vida, no siempre será fácil así que os dejo una frase que nos repetía hasta la saciedad un entrenador y que se nos quedo grabada a todo el equipo ya no sólo para los entrenamientos y las competiciones si no para cualquier momento de nuestra vida:  “cuando el camino se hace duro tan solo los más duros siguen caminando”.

PD:  Vaya, pero que mal educado que soy, me voy sin haberme presentado. Me llamo I. Tengo 22 años, soy bisexual, aún sigo descubriéndome y redescubriéndome día tras día. Me queda mucho por aprender y vivir, igual que a cualquiera que lea esto, así que fuera miedos.

Gracias a Guillem y a Patri por invitarme a participar en esta sección en este fantástico blog que tienen. Espero que cuando lean esto no se hayan asustado de lo que me enrollo escribiendo además de lo mal que lo hago, pero bueno, es su culpa por decirme que:

 “Aquello que escribas no tiene porqué tener un máximo de caracteres; escribe sin miedos.”

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