Historias de…: Carmen

Hace unos días, Carmen se puso en contacto con nosotrxs preguntándonos cómo podía colaborar en nuestro blog e inmediatamente, le propusimos participar en nuestra querida sección “Historias de..“. Os dejamos aquí su historia, la de una mujer bisexual, la cual esperamos que os guste.

No olvidéis que podéis mandarnos vuestra propia historia personal o de amor, o incluso, cualquier cosa que quieras contarnos a nuestro mail: deaquialpans@gmail.com

Mi historia probablemente no sea la más conmovedora, ni la más valiente, pero como todxs, aquí estoy para aportar mi granito de arena a la comunidad; espero que así, entre todxs, consigamos construir la montaña que debemos ser.

Me remontaré un poco a mi infancia y preadolescencia. En el colegio me hacían mucho bullying, y en principio no tenía nada que ver con mi orientación sexual, hasta que empezaron a insultarme por ser poco femenina: “machorro”, “camionero”, y, lo peor… “lesbiana”. Yo era bastante pequeña en su momento, y saber que usaban esa palabra como el insulto más peyorativo que podía haber, me dolía muchísimo. Pero yo soy así, poco femenina. Intenté cambiarlo durante varios años, pero no me sentía cómoda ni con falda ni con zapatos… hasta que tuve la oportunidad de rodearme de amigos de verdad y aprendí que mi aspecto o mi comportamiento poco femenino no me definían como mejor o peor persona.

Más o menos por esa época, me eché novio. Hala, automáticamente clasificada como hetero. Pues resulta que no. A pesar de que solamente he salido con chicos, me daba cuenta de que sentía atracción por las mujeres. En algún punto de mis 15 ó 16 años, me identifiqué como bisexual… pero no del todo. Estaba enamorada de un chico, por lo que sabía que podían gustarme las chicas, pero aún no me había fijado realmente en ninguna. Hasta que, finalmente, hace unos pocos meses, me admití a mí misma algo que no tendría que haber estado ignorando. Me gusta una chica. Me gusta muchísimo.

No puedo decir que fuera duro admitírmelo porque ya sabía que esa posibilidad existía para mí, pero lo que me tocó fue enfrentarme a mi madre. No se lo tomó muy bien, y a día de hoy, a pesar de que a veces intento hablar de la chica que me gusta, ella mete el tema debajo de la alfombra. Para colmo, a pesar de tener la inmensa suerte de que esta chica sea lesbiana, tiene novia. Lo cual me deja peor que antes, ¿no?

La verdad es que no. Es cierto que estoy soltera y que hay conflictos por parte de mi familia, pero nunca me había sentido tan aliviada y libre. Dejar de esconder una parte de mí, de mentir por omisión, y reprimir mi identidad, ha sido la mejor elección que he tomado nunca. Ahora me toca enfrentarme a otros problemas y luchar por defender quién soy, pero lo pienso hacer con el orgullo que me da decir ESTA SOY YO, Y SOY IGUAL QUE TÚ. ¿Lo mejor de todo? La cara de idiotas que se les queda a los heteronormativos cuando les recuerdan que no están solos en el mundo. Porque yo existo, soy muy real, soy bisexual, y soy tan humana como el resto.  

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