‘¿Nos Queeremos?’, por Anna Baum

¿Nos queeremos? Con este juego de palabras que combina el término ‘queer’ y la acción de quererse, propongo una reflexión para entender el amor más allá del género: Tal vez una forma de amarse que nos liberaría de presiones y limitaciones varias.


La palabra “queer”, que en inglés significa “raro”, se empezó a usar como un insulto contra aquellas personas que presentaban una sexualidad diferente al modelo monosexista, monógamo y heteronormativo imperante. Pero hacia los años 90, la palabra sería retomada y resignificada en el surgir de un movimiento de personas que sentían que las etiquetas sociales que se empleaban para designar las diferentes opciones sexuales eran demasiado rígidas para abarcar la diversidad en su totalidad y abogaban por cuestionarlas en tanto que constructo social. De esta manera, se fueron articulando lo que conocemos como teorías queer y que se basan en entender las identidades y orientaciones sexuales como algo fluido (que no estanco y fijo) y, sobretodo, como algo tan dispar como personas hay.

Es por eso que, desde la óptica queer, se trabaja para deconstruir los géneros y las sexualidades tal y como se han venido definiendo y clasificando, con el fin de crear un espacio simbólico abierto a todas las realidades humanas. A veces, esta apertura de enfoque en la cual las existentes etiquetas se difuminan, es temida por algunos sectores o grupos LGBTI ya que se interpreta como una deslegitimación de la lucha por los derechos y la normalización de estas comunidades. Pero ambas visiones son perfectamente complementarias. Las reivindicaciones por parte de los colectivos LGBTI son absolutamente necesarias en el contexto actual: un mundo donde todo aquello que se sale de la norma es, todavía, marginalizado y reprimido. Más bien, la ideología queer viene a reforzarlas, haciendo hincapié en la importancia de que exista tal diversidad y también influyendo en la conciencia colectiva para que un día no exista un modelo de sexualidad normativa y no sean necesarias ni etiquetas ni luchas.

A menudo imagino cómo sería un mundo en el cual género, amor y sexualidad fueran vividos en total libertad. Llegar a esta utopía, implicaría, para empezar, acabar con una serie de hábitos cotidianos que desde la más tierna infancia constituyen fuertes condicionamientos a vivir de un cierto modo en función de nuestro sexo biológico. Desde esta diferencia biológica (¿es el sexo lo que más nos diferencia biológicamente lxs unxs de lxs otrxs?) se estructura toda una realidad sociocultural que divide la raza humana en dos géneros bien diferenciados. A cada uno se le asocian unos roles y cada uno de nuestros actos, cada actitud, cada comportamiento son leídos como propios o impropios del género que se nos asigna. Pienso que la deconstrucción de este prisma binario nos permitiría evitar prejuicios que nos limitan y nos obstaculizan para articular el propio género en libertad. Lo que significa ser mujer y lo que significa ser hombre serían conceptos abiertos y en constante evolución.

Existe una tendencia humana a la clasificación como método de conocimiento. De algún modo, si no está clasificado, no existe. Es por eso que, las etiquetas que utilizamos (mujer, hombre, transexual, asexual, heterosexual, bisexual, homosexual, etc.) a pesar de tener su utilidad epistemológica, pueden también implicar limitaciones para quienes “encajan” y una discriminación e invisibilización para quienes no encuentran su casilla. Por eso, acercarse a lo queer significa acercarse a un horizonte donde las etiquetas y lo normativo se resignifiquen por completo.

Las “categorías” existentes tendrían que flexibilizarse, ampliar su capacidad de albergar más realidades. La idoneidad de una etiqueta u otra para una persona debería depender tan sólo del libre deseo de esta persona de asignársela y la aparición de nuevas etiquetas tendría que ser normalizado. Pero, a la vez y en última instancia, habría que tener muy presente la función de este etiquetaje para no confundir contingente con contenido. Tener en cuenta que las realidades humanas siempre tienen más formas que las cajas que disponemos para ellas. Esta idea, junto con una nueva consciencia de no-juicio, nos llevarían a un paradigma donde lo normativo y lo raro se diluyen. Un nuevo escenario donde las fobias hacia lo que se salía de la norma (homofobia, bifobia, transfobia, interfobia, etc.) dejan de tener sustento alguno.

No puede existir homofobia si la heterosexualidad no se presupone de antemano. No puede existir transfobia si no se presupone un género a un cuerpo. Cualquier identidad es susceptible de habitar cualquier cuerpo. Cualquier persona es susceptible de amar o desear cualquier otra.

Nota de la autora:

A propósito de este ideal queer, la investigadora Coral Herrera publicó hace unos años “El manifiesto del amor queer”. En él, se especifica cómo se articularía esta forma queer de vivir el amor, a la vez que se reivindica su posibilidad de existir y su viabilidad en un mundo eminentemente monógamo y heteronormativo.

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¿Nos Queeremos?

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Un comentario en “‘¿Nos Queeremos?’, por Anna Baum

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