“Cogito ergo sum… BISEXUAL”, por Carmen de Medici

A los más friki-filósofos, el título os parecerá gracioso, y para los que no os guste la Filosofía, no os preocupéis, que no voy a hablar de Descartes, aunque me tome la licencia de robarle su famosa frase. Pienso luego existo o pienso luego soy.

Tanto fuera como dentro de la comunidad LGTB+ hay un colectivo demasiado grande que no va más allá de las dos primeras letras. Lesbianas y gays. Ya está, ya no hay más. ¿Bisexuales? Eso no existe. ¿Transexuales? Eso ya ni te cuento. Por suerte, Patri y Guillem ya hacen un trabajo increíble por estos miembros del colectivo, así que yo hoy me centraré en hablar de la parte que me toca: la bisexualidad.

Podría pasarme días despotricando acerca de los muchos mitos que se dice de nosotros, pero mi favorito, como no puede ser de otro modo, es que los bisexuales no existen. Algunos piensan que es una tapadera que usan los homosexuales como paso previo a salir “completamente” del armario. Hay heteros que dicen ser bisexuales para parecer más interesantes o activos sexualmente, lo cual es ofensivo a tantos niveles que no voy ni a molestarme en comentarlo. Pero, sin duda, uno de los problemas más grandes a los que nos enfrentamos los bisexuales es a algo que en inglés se llama “bi-erasure”, y que en castellano no tiene traducción exacta (sería algo así como ignorar/borrar la bisexualidad).

Presentaré un ejemplo muy claro: Desde el punto de vista de una chica, ¿sales con un chico? Hetero. ¿Sales con otra chica? Lesbiana. Como si nos cambiáramos de acera cara vez que empezáramos una relación con una u otra persona. Esto no es así. No dejamos de ser bisexuales sólo por tener una relación con uno u otro sexo. Quiero dejarlo lo más claro posible, así que voy a poner otro ejemplo, este más tonto: un sofá cama. Cuando está cerrado, es un sofá, y cuando está abierto, una cama. Pero no es sólo un sofá o una cama, no, es un sofá cama. Y no deja de serlo por usarlo de una forma o de otra.

Los prejuicios son interminables, pero posiblemente éste sea el más difícil de combatir. Y es que al igual que tenemos que luchar contra la heteronormatividad, tenemos que superar el prejuicio de que sólo se puede ser heterosexual u homosexual. No podemos asumir la sexualidad de alguien sólo por la pareja que tenga en un momento determinado. Y aunque es cierto que los casos que he puesto al principio se dan algunas veces, si una persona se identifica como bisexual, es que lo es.

Dejemos de limitar la sexualidad a “una acera o la otra”. Porque en este camino también se puede andar por la carretera; y si pienso que soy bisexual, lo soy.

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