“Historias De…”: Neiva

¡Hola holita vecinitxs! De nuevo publicamos en la sección “Historias De…”. Os traemos la historia de Neiva una chica que se puso en contacto con nosotros a través de nuestro Twitter y que, a través de su historia de visibilidad, nos da algunos consejos para dejar atrás todas las inseguridades.

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No olvidéis que podéis mandarnos vuestra propia historia personal o de amor, o incluso, cualquier cosa que quieras contarnos a nuestro mail: deaquialpans@gmail.com 

Me llamo Neiva y bueno, desde pequeña nunca he sido de las chicas que se fijaban en chicos y bailaban en el recreo canciones de patito feo para ellos, ni escribía cartas de amor con pegatinas. Yo era más de jugar con mis amigos y leer libros de fantasía, y no estaba nada mal, hasta entrar en secundaria. Allí el cambio y la superficialidad empezaron a notarse en todos, lo que provoca risas, también mías, aquí nadie es un santo. Pero todo iba bien, aún no me había llegado eso de preocuparme por tener novio o dar mi primer beso, hasta que una chica me dió un “suave” empujón, dando el rumor de que yo era lesbiana. La verdad es que el rumor en si no me molestó en absoluto, la homosexualidad para mi era tan natural como respirar, ya que existía en mi familia desde que nací. Pero no diré que eso me ayudara a hacer amigos, a esa edad los niños tragan rumores y te tachan para mucho tiempo, no voy a decir que fue un camino de rosas, aunque tampoco fue de espinas, ya que esse rumor se desvaneció en poco y tan solo me dejó una pregunta en la cabeza. ¿Y si tiene razón?

Nunca me lo había pensado hasta ese momento, nunca me había fijado en alguien (chico o chica) hasta ese momento, de modo que decidí probar. Creo que es el mejor consejo que puedo dar, prueba, sin importar los demás y sobretodo, no pienses que estés solo, pues creo que mi peor parte, fue que me tragué esta etapa sola, seguramente si se lo hubiese contado a mis amigas antes hubiese sido mucho mejor, de modo que ya sabes, prueba y hablar con alguien nunca viene mal.

Estuve con un chico y, aunque lo siento mucho por el, no me gustó demasiado, no fui capaz de desarrollar un sentimiento que más tarde, si conseguí sentir, pero con una chica. Una chica que vivía muy lejos, pero no me importó. En ese momento supe que yo no era como las chicas de mi clase, que suspiraban por el chico más guapo, pero aún así, no lo conté. Error número dos.

Lo escondí durante un año, hasta que se lo conté a mi tía, que sabía del tema y fue al instante, quitarme un peso de encima. Tiempo después, llegó el contárselo a mis padres, una charla que absolutamente todos tememos, pero que al final, en mi caso, fué más liberador de lo que pensé. Ella me aceptó, me aconsejó y me dejó claro, que no me iba a tratar diferente, y así fue.

Queridos y queridas lectores y lectoras, no hay nada como la confianza de una madre, las bromas, las charlas, los consejos que te dará más adelante. Si queremos normalizarlo como se normalizó en mi familia, no hay que esconderse, no hay que tener miedo y hay que probar, pues en este mundo nacimos desnudos y libres. Nadie nos puede decir como sentirnos. El miedo hiere más que las espadas, pero tenemos el poder de echarlo a un lado.

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